martes, 22 de mayo de 2012

La cocina del diablo. El fraude de 2006 y los intelectuales



Anuncia:



¿En las elecciones de julio de 2006 se realizó un fraude contra la coalición de izquierda? Y en su caso, ¿en qué consisten las pruebas para sustentar el argumento del fraude electoral? ¿Cómo se efectuó la operación fraudulenta? ¿Cuál fue la mecánica de su puesta en práctica y qué actores intervinieron? ¿Qué papel cumplieron en la legitimación de los resultados los formadores de opinión y, en particular, un sector de los intelectuales? Estas son algunas de las preguntas cruciales que responde este libro.
            Los comicios de 2006 condujeron a una crisis política que ha marcado el curso de la vida republicana por lo que hace temas centrales como el desempeño de la economía, las tasas de desigualdad, la generación de empleos, la seguridad pública, las oportunidades de mejoramiento social y, en general, el ejercicio de los derechos fundamentales. Y el costo ha sido muy alto.
            La obra despliega un análisis minucioso de la información para evidenciar las interferencias que sufre el sistema del IFE, en particular las irregularidades en el PREP y los cómputos distritales que producen “misterios” como millones de votos y boletas faltantes y sobrantes, la transferencia de votos de un candidato a otro, etcétera. De ese modo se demuestra que el fraude se realizó en dos niveles: con acciones ilegales a ras de casillas, “a la antigüita”, pero también mediante sofisticadas maniobras cibernéticas. La explicación de conjunto ofrece al mismo tiempo sorprendentes detalles sobre cómo se hizo la operación.
            Una de las novedades de aquel proceso electoral fue el papel relevante que cumplieron los intelectuales. Por una parte, se originó un fenómeno inédito: el agrupamiento de una comunidad de científicos que elaboró complejos análisis para descifrar lo que realmente pasó. Con base en esas pesquisas se funda la visión general sobre la dinámica de la defraudación. Por otra, un sector de intelectuales intervino para suscribir el resultado oficial. Se concluye con el estudio del comportamiento y las posturas de este actor diverso.
  


  •     El fraude se realizó en dos niveles: con acciones ilegales a ras de casillas –a la “antigüita”– pero también mediante sofisticadas maniobras cibernéticas.
  •    Los problemas del IFE: las irregularidades en el PREP y los cómputos distritales que producen “misterios” como millones de votos y boletas faltantes y sobrantes, o la transferencia de votos de un candidato a otro.
  •    En diversos momentos del proceso, “maestros” del SNTE de Elba Esther Gordillo, contribuyeron a la realización de maniobras tradicionales y cibernéticas para favorecer la elección de Calderón.
  •   La polarización y posturas de los intelectuales –escépticos y creyentes–, y la validación que un sector dio al resultado oficial.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Identidad y autonomías en América Latina


Héctor Díaz-Polanco

Ensayos sobre identidad. Visiones desde México (2010)

Este volumen reúne un conjunto de textos cuyo rasgo común es abordar, desde diversas circunstancias o situaciones, aspectos de la problemática identitaria. Es, en más de un sentido, una obra de síntesis que refleja un período de grandes debates académicos y políticos. Mirados en conjunto, los escritos ofrecen una representación del desarrollo de las doctrinas, los enfoques y las controversias fundamentales que se han desplegado en América Latina en torno a la cuestión étnico-nacional, en el curso de las últimas tres décadas, poco más o menos.

Ensayos sobre identidad. Visiones desde México (Ediciones Ferilibro, Santo Domingo, 2010) puede leerse como parte de un amplio "programa de investigación", en el sentido que Imre Lakatos dio a esta expresión: un esfuerzo colectivo en el que ha participado toda una comunidad de estudiosos a lo largo de varias décadas, y cuyos hilos conductores son la multiculturalidad y la autonomía en América Latina, con un obvio énfasis en el caso mexicano.

domingo, 26 de julio de 2009

Nuevo Libro


Nostra Ediciones anuncia

Nuevo libro de Héctor Díaz-Polanco


México es un país multicultural; en él conviven más de 60 grupos indígenas con lenguas, tradiciones, cosmovisiones y prácticas distintas que, lejos de desaparecer o sucumbir a los discursos hegemónicos, como se presumía que ocurriría con el actual proceso de globalización, reclaman un reconocimiento pleno que les permita reproducirse y desarrollarse en el marco del Estado-nación. Sin embargo, la inclusión de la pluralidad se ha traducido, en distintos momentos de la historia, en conflictos y retos institucionales aún no resueltos por el Estado mexicano.
En esta obra, redactada por una de las principales autoridades en la materia, el lector encontrará un análisis accesible y puntual que explora, en primer término, la complejidad conceptual que supone definir “lo indígena”; después, las distintas respuestas —hasta el momento insuficientes— que se han planteado para resolver este problema nacional, para concluir, con espíritu desmitificador y sumamente claro, abordando la alternativa autonomista, una de las opciones más actuales que se ha abrazado en distintos países del mundo. Además, se exploran sucintamente algunas experiencias de autonomía que se están desarrollando en América Latina, principalmente en México, Colombia, Venezuela y Bolivia.

Héctor Díaz-Polanco es antropólogo por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y doctor en Sociología por El Colegio de México (Colmex). Actualmente es profesor-investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) y miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel III. En 2006 obtuvo el Premio Internacional de Ensayo, convocado por Siglo Veintiuno Editores, la UNAM y la Universidad de Sinaloa, y en 2008 recibió el Premio de Ensayo Casa de las Américas “Ezequiel Martínez Estrada”. Es autor de más de 230 trabajos, incluyendo 17 libros como autor único y más de 60 libros en coautoría. Sus obras más recientes son: El laberinto de la identidad (UNAM, 2006) y Elogio de la diversidad. Globalización, multiculturalismo y etnofagia. (Siglo XXI Editores, 2ª edición, 2007).

Una colección para entender la realidad política, económica, social y cultural de México y el mundo, en donde se presentan temas relevantes de nuestra época expuestos de manera simple y comprensible por reconocidos especialistas en la materia.

lunes, 27 de abril de 2009

Sobre "Elogio de la diversidad"

Una pieza clave del pensamiento crítico, revolucionador y creativo
Aurelio Alonso


El ensayo de Héctor Díaz-Polanco que les entregamos hoy no es una obra fácil de introducir en una presentación. Lo digo a causa de la densidad de análisis que lo caracteriza. Su título, Elogio de la diversidad, se inspira en la inteligencia de Erasmo cuando se proyectaba, hacia los albores del mito liberal, en el Elogio de la locura. «Locura ha de ser, pero no sin método» decía, en los tiempos en que nacía el dominio del Occidente. Nuestro autor precisa más sus contenidos en el subtítulo a través de tres conceptos: Globalización, multiculturalismo y etnofagia.
Tiene esta obra el llamativo privilegio de llegar al lector cubano simultáneamente en dos ediciones. La del Instituto Juan Marinello (de 2007), prologada por Julio César Guanche, y la que presentamos hoy, de la Casa de las Américas, que le otorgó el Premio de Ensayo Ezequiel Martínez Estrada en 2008. Es también este su segundo galardón, ya que en 2006 vio la luz con el Premio Internacional de Ensayo de Siglo XXI.

En todo caso se trata de una casualidad afortunada, y me atrevo a decir que indicativa del significado de este ensayo, el que el Instituto Marinello y la Casa hayan detenido, el uno y la otra, la mirada en ella. Y no me sorprenderá que la volvamos a ver, en un futuro, recibiendo nuevos reconocimientos, pues la considero una de las piezas definitivas del pensamiento de comienzos de nuestro siglo. Del pensamiento latinoamericano e incluso a escala mundial, del pensamiento crítico, revolucionador y creativo que ha vuelto a dar signos de vitalidad cuando tanto la izquierda tradicional, como una gran parte de la que se calificó de nueva hace unas décadas, quedaron estancadas.
Me atrevería a afirmar que con el Elogio, Díaz-Polanco abre un nuevo capítulo en su historia de pensador. Su sólida formación de antropólogo, que lo ha llevado a aportes sustantivos en los estudios sobre las autonomías desde la perspectiva del investigador de la realidad latinoamericana —estudios por los cuales le conocemos—, se convierte en cimiento, puntal, sostén, en este libro, de un decisivo y actualísimo ensayo filosófico.
La mirada filosófica tiene que ser actual y crítica, y si no lo es, de poco sirve. Algunos han caracterizado esta obra como «la expresión de un agudo malestar con la filosofía», lo cual es cierto si no se desconoce el mérito filosófico del monumento crítico en que se constituye, al confrontar la diversidad con la diversidad. Al involucrarse a fondo con el rescate teórico de la diversidad legítima, de cara al constructo liberal de la diversidad como multiculturalismo
.
Con una lógica irreprochable Díaz-Polanco comienza por colocarse en el escenario situacional, de aproximación al tema de los conflictos y el debate cultural sobre la diversidad, que desemboca enseguida en el remolino histórico del pensamiento liberal. Su reflexión se concentra entonces en Kant, quien aportó a la idea del contrato social la contextualización que requería el empeño de integrar un contractualismo liberal.
Nada nuevo digo si les recuerdo que es Kant, y no Hegel, quien aporta el tronco esencial que consagró aquella que Marx y sus contemporáneos llamaron “filosofía clásica alemana”, que genera y sostiene la magnificación del Occidente, de la modernidad, del pensamiento donde quedará justificada la lógica de la acumulación.

De la crítica a la reflexión kantiana pasa a John Rawls. Lo destaco por sobre otros, como lo hace el mismo Díaz-Polanco, para que no nos pase inadvertido. Porque, como señala en su prólogo con razón Guanche,
«se cuentan con los dedos de la mano los libros que, recorriendo la bibliografía de éste [Díaz-Polanco] pueden encontrarse en el país de autores como John Rawls, Charles Taylor, Benedict Anderson, Isaiah Berlin, Alex Callinicos, Ronald Dworkin, Terry Eagleton, Jürgen Habermas, Toni Negri, entre muchos otros, inéditos en Cuba».
Forzados por las circunstancias al síndrome de «la tuya», el lector cuba
no vive condenado a conocer a los críticos sólo cuando son criticados…, e incluso no siempre que son criticados.
En Teoría de la Justicia de Rawls (1971), y algunas de sus obras posteriores (La justicia como imparcialidad, y la más reciente antes de morir en 2002, La justicia como equidad) la justificación liberal de la desconexión de las decisiones (las decisiones políticas, las que definen cursos sociales), con los resultados, le aporta al contractualismo y al mito liberal la fundamentación más actualizada del individualismo.
No conozco otro autor que, sin la necesidad de armarse dogmáticamente de enunciados precursores, haya tenido la capacidad mostrada por Díaz-Polanco de meterse a fondo en la crítica del multiculturalismo, edificio levantado sobre un individualismo redivivo para la consagración occidentalizadora del proceso civilizatorio.

Héctor Díaz-Polanco revela a través de su crítica la
«incapacidad [de los contractualistas del multiculturalismo] para aprender la diversidad en cuanto tal, sin concebirla como un derivado o suplemento secundario en relación con lo único que, al parecer, son capaces de discernir los filósofos y que es el tema al que subordinan todo: el individuo y su supuesta prioridad incuestionable».
El multiculturalismo se nos muestra como una expresión sublimada del liberalismo en la medida en que deja incólume el primado del individuo sobre lo colectivo y la postergación de la igualdad a favor de la libertad («la unidad básica del individuo incuestionable» de Rawls), que Díaz-Polanco contribuye a despejar para pensar la pluralidad real del mundo como tal, en lo que es, de cara a las deformaciones sistémicas acumuladas.
Y no la que Occidente santifica a partir de su abigarrada y mórbida criatura civilizatoria.
Vuelvo a citar a Guanche cuando señala que «Díaz-Polanco defiende la diversidad criticando la que todo el mundo defiende: la encauzada por el universalismo liberal». La que sostiene como fatum la encarnación de la globalización.
Permítanme terminar con unas líneas del Prefacio del autor (a las cuales, se me antoja ahora, que pudo reducirse esta presentación), con las que regresamos a Erasmo:
«Un tema que recorre toda la obra es la crítica al universalismo abstracto, tan característico de la filosofía liberal, que ha cobrado nuevas formas en la fase del capitalismo globalizante… Dice Erasmo de Rótterdam, refiriéndose a su célebre Elogio de la locura, que aunque ha “alabado a la locura”, no lo ha hecho “del todo locamente”. El elogio a la diversidad que aquí se hace no tiene como propósito erigir alguna civilización o alguna identidad en el nuevo referente de la cultura o en el criterio de lo universal. Más bien se contenta con señalar la obscena ausencia del Otro en las formulaciones universalistas, y con mostrar la enorme soberbia (y “lo ridículo”, en el talante de Erasmo) que acompaña a un sistema cultural tan particular como el que llamamos Occidente cuando se plantea como el alfa y omega de todo lo humano».
Les recomiendo esta obra de nuestro querido Héctor Díaz-Polanco con la seguridad de que estamos ante un ensayo que todavía va a dar mucho qué decir y hacer.
La Habana, 25 de abril de 2009.
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Palabras de Aurelio Alonso en la presentación de Elogio de la diversidad (La Habana, 2008), libro de Héctor Díaz-Polanco que obtuviera el Premio de Ensayo Ezequiel Martínez Estrada, de la Casa de las Américas. Fuente: La Ventana, portal informativo de la Casa de las Américas, La Habana, 2009.

jueves, 26 de febrero de 2009

Identidad vs globalización










Los hallazgos de Marco Polo

Reflexiones sobre identidad, conflictos culturales y globalización, en exclusiva para BOHEMIA, de Héctor Díaz-Polanco, una de las figuras más destacadas del pensamiento latinoamericano contemporáneo

Por SAHILY TABARES
cultura@bohemia.co.cu
Fotos: LEYVA BENÍTEZ

foto@bohemia.co.cu

(18 de julio de 2007)

En abandono total de su propio yo, este viajero horada los muros más espesos de la ortodoxia para profundizar en los laberintos de un complejo itinerario. Dimana calor humano en la tesitura de su voz, a través de la conversación sostenida con BOHEMIA durante las sesiones del pasado Congreso Internacional Cultura y Desarrollo, en la que entregó la pasión acumulada en su quehacer.

Héctor Díaz-Polanco

En sus textos, el doctor Héctor Díaz-Polanco defiende el derecho a la autonomía de los indígenas de América Latina

Podría parecer que no existen interrogantes por despejar para el doctor Héctor Díaz-Polanco, eminente antropólogo y sociólogo dominicano residente en México. Por el contrario, los numerosos textos publicados sobre sus especialidades, entre ellos: Elogio de la diversidad: globalización, multiculturalismo y etnofagia, Premio Internacional de Ensayo 2005, convocado por Siglo XXI Editores, la Universidad Autónoma de Sinaloa y el Colegio de Sinaloa, buscan profundizar cada vez más, sin dar fe de una obra concluida.

Desde la ensayística y la investigación acuciosa, este profesor que ha dedicado tres decenios a la docencia, hurga sin descanso ni acomodamiento en la matriz de los discursos alrededor de la diversidad cultural y, como respuesta a la insistente manipulación de ese término por los sectores sociales más conservadores, promueve el fortalecimiento de las comunidades.

No planeó estudiar antropología. El interés por desentrañar conflictos y complejidades surgió en la práctica durante los procesos de indagación, de conocimiento de la realidad caribeña, "que inclina de manera especial a los científicos sociales a preocuparse por la diversidad debido a la pluralidad sociocultural.

"Quizás es lo que explica el interés de Aimée Cesaire y Pedro Henríquez Ureña, personalidades que en sus respectivos momentos hicieron aportes interesantes. Existe como un llamado a los antillanos para tratar de explicar esta convivencia en una diversidad tan extraordinaria y rica como la del Caribe.

"Por vocación política he participado en experiencias de luchas de movimientos indígenas en prácticamente todos los países de América Latina. Desde el principio, insistimos en la perspectiva autonomista y en el gran potencial político de los pueblos indígenas.

Héctor Díaz-Polanco

La mayoría del movimiento indígena latinoamericano concibe las autonomías como parte de las grandes transformaciones sociales

"En los inicios, por parte de la izquierda no hubo una comprensión inmediata de esta prioridad, el gran sujeto era el campesinado y desde luego, también la clase obrera. Todo esto comenzó a cambiar en la década del 90. Debido a la cercanía del Quinto Centenario del "descubrimiento" de América en 1492, se esperaba, como ocurrió, la potenciación de los movimientos indígenas.

"El primer levantamiento tuvo lugar en Ecuador. Más tarde hubo acciones sucesivas que derribaron Gobiernos, se replantearon las cuestiones de las nacionalidades y de las autonomías. En este sentido, la rebelión zapatista en 1994, constituyó un impacto para América Latina y el mundo."

– ¿Cómo influyen estos procesos en la identidad y en los conflictos culturales del siglo XXI?

–Históricamente, la identidad ha sido evaluada a partir de juicios previos o prejuicios desde diferentes lados de la frontera. Algunos piensan que los indígenas pertenecen a un mundo del pasado. Este criterio está errado. Los indígenas de hoy son el resultado de un proceso histórico que se ha venido construyendo.

"El primer grupo sociocultural realmente moderno es el indígena. Resulta paradójico verlo como algo del pasado. Esa idea tiene un enfoque político. El gesto de considerar a alguien del pasado, impide incorporarlo como compañero en la construcción del futuro.

"De igual forma suele pensarse, que las tradiciones y la cultura indígena constituyen una especie de traba debido a que están orientadas a conservar sus rasgos a ultranza, sin la menor vocación transformadora, innovadora. Si esto fuera así, constituiría un grave problema, les impediría integrarse a la transformación de una nación. Ha exigido grandes esfuerzos convencer a los sectores más recalcitrantes de que los pueblos indígenas son capaces de participar de forma activa en los procesos transformadores."Por su parte, la mayoría del movimiento indígena latinoamericano concibe las autonomías como parte de esos procesos.

"Son cuestiones que hemos abordado de manera explícita en este congreso en La Habana. Ha quedado bien claro que en el campo de las ciencias sociales, el tema de la diversidad sociocultural resulta esencial. Debemos aprovechar para potenciar el debate y las tendencias con una orientación progresista.

"Parece ser que en estos momentos identidad y globalización son dos términos clave. O sea, ambos están íntimamente imbricados, uno determina al otro, y ese es un pequeño descubrimiento que debemos a las ciencias sociales contemporáneas. En el sentido de que la globalización no solo no liquida y deja de lado el asunto de las identidades, sino que las potencia como tema político, económico, ecológico, etc. Los grandes problemas que trae consigo la globalización están vinculados a las grandes demandas de los grupos identitarios.

"Un ejemplo meritorio es la posición que han tenido los pueblos indígenas en la cultura de la tierra, en la búsqueda de la armonía entre lo social y lo natural. Sobre todo en el hecho, no solo de conservar su medioambiente, sino de enriquecerlo.

"Hay que prestar atención a la perspectiva multicultural que utilizan las transnacionales en busca de potenciar negocios. Es un gran peligro, porque la diversidad, en vez de ser un elemento liberador y de reconocimiento de la pluralidad, se convierte en un medio para promover el pensamiento único, el mundo único desde el punto de vista sociocultural. En realidad se trata de un disfraz utilizado por un afán de ganancia. Debemos entender esta dinámica y denunciarla.

"La cuestión de la identidad marca la dirección de los grandes debates. Se ha convertido en una reserva de valores, en un campo de construcción de nuevos principios políticos, debido a su proyección hacia lo étnico, lo ético, lo económico y lo social. Por eso resulta tan importante, incluso para los países donde la presencia indígena es nula.

"Son terrenos en los que estamos explorando, descubriendo. Por eso escogí el seudónimo de Marco Polo para el ensayo Elogio de la diversidad... No me considero un descubridor definitivo de territorios, de asuntos. Soy apenas un estudioso.

"A mis alumnos les enseño, entre otras cosas, que no deben aceptar nunca una afirmación o una propuesta sin someterla a crítica. Y que deben tratar por todos los medios de que haya correspondencia entre lo que dicen y lo que hacen. En esencia: que sus planteamientos políticos tengan un referente práctico. Que sean consecuentes en su compromiso con su colectivo, con su pueblo."

viernes, 20 de febrero de 2009

Premios Casa de las Américas


Presentados libros ganadores del Premio Casa de las América 2008

En la penúltima jornada del Premio Literario Casa de las Américas 2009 fueron presentados, como es tradicional, los libros ganadores de la edición anterior.

11 de Febrero del 2009


Como parte del programa de la edición cincuenta del Premio Literario Casa de las Américas 2009, fueron presentados este martes, en la sala Che Guevara de la institución, los libros ganadores del 2008 que, según subrayó Roberto Zurbano, director del Fondo Editorial Casa de las Américas, destacaron por atrapar algunas de las tendencias más contemporáneas dentro de la literatura de sus países y a nivel continental.

En la tradicional ceremonia participó el diputado de Cultura de Córdoba José Mariscal, quien ha
asumido con un alto grado de compromiso la publicación de estos títulos desde hace algunos años, en colaboración con su homóloga de Málaga, Susana Radío, a través del Centro de la Generación del 27.

Mariscal trasladó a la Casa de las Américas el saludo cordial y afectuoso del presidente de la Diputación de Córdoba, Francisco Pulido, y celebró el aniversario cincuenta de la Casa que realiza, según apuntó, una extraordinaria labor cultural dentro y fuera de las fronteras cubanas. “Para nosotros es una gratísima tarea el poder colaborar con la Casa. Allá en España se dice: más libros para ser más libres. En ese proyecto quiero seguir colaborando”, concluyó Mariscal.

A continuación, Roberto Zurbano presentó a la joven narradora argentina Samantha Schweblin, ganadora en la categoría de cuento en el año 2008 por su obra La furia de las pestes.

Samantha agradeció a la Casa de las Américas por este reconocimiento. “Cuba de pronto, en mi pequeño y reciente mundo literario, apareció con mucha fuerza, porque vine, paralelo al Premio, al Primer Festival de Jóvenes Narradores que llevó adelante el Centro Onelio Jorge Cardoso. Entonces, Cuba tiene un lugar muy importante en mi cabeza y en mi corazón”, declaró, y leyó luego su cuento “Mariposas”.

Otro de los libros presentados fue el ganador de la categoría de literatura brasileña, el volumen de ensayos La globalización de la naturaleza y la naturaleza de la globalización, de Carlos Walter Porto-Gonçalves. El libro fue traducido por Rodolfo Alpízar y publicado con el coauspicio de la embajada de Brasil en Cuba.

“Es un libro sobre una de las grandes discusiones en el mundo hoy: la del medio ambiente. Una discusión que no se refiere solo a la ecología, sino también a la ideología; que coloca a la política frente a los programas sociales sobre el medio ambiente”, destacó Zurbano.

Apuntó además que es un texto muy discutidor, que dialoga con la vasta producción sobre ese tema en Brasil. “Viene a colocarnos ante un debate en el que supuestamente algunos países no están involucrados y a demostrarnos que esta realidad nos corresponde a todos los seres humanos”, concluyó.

El ganador de la categoría de ensayo de tema histórico-social, el colombiano Hugo Niño, presentó su título El etnotexto: las voces del asombro. Apuntó que aspiraba a ganarse este premio porque “lo único que quería era una invitación para volver a Casa de las
Américas”.

“En el proceso de composición de este libro uno ha tenido que revisar muchos segmentos, muchos episodios que no dejan de causarle a uno un impacto, donde se mezclan la tristeza, la frustración, la rabia y un poco de esperanza, al comprobar que la descolonización no terminó en América a finales del siglo XIX, sino que ha seguido con otras formas aviesas y abyectas”, declaró antes de leer lo que calificó como un metatexto acerca del volumen premiado.

Zurbano anunció que estos libros ganadores del Premio Casa de las Américas 2008 están ilustrados por obras de gráfica que pertenecen a la colección de arte latinoamericano de la institución y que el diseño de la colección es de Ricardo Villares. Luego pasó a presentar el volumen Los dioses viajan de noche, de Louis-Philippe Dalembert, ganador del premio de literatura caribeña, que en la pasada edición fue convocado para textos en francés o creole.

Según apuntó Zurbano, “es un libro sobre la identidad, sobre la búsqueda de la razón, que no está escrita en ninguna parte, que pertenece al mundo de la oralidad, y refleja las tensiones entre lo popular y la zona más racional del protagonista, quien encuentra en el tambor de iniciación del vudú un universo que cuenta en esta novela”.

A continuación dio paso a Laura Yasan, premiada en la categoría de poesía por su texto la llave marilyn, editado por Esther Acosta.

Yasan dijo sentirse muy orgullosa de haber ganado un premio “tan prestigioso, tan limpio, en un país que para mí es un ejemplo para el mundo y Casa de las Américas es un ejemplo para el mundo”. También expresó su satisfacción por la coincidencia de dos mujeres argentinas premiadas en el 2008, algo que no sucede comúnmente.

Antes de leer algunos de los poemas que integran el volumen, “testificó” que el título de su libro va con minúsculas porque no pone mayúsculas en su poética ni ningún signo de puntuación, ya que considera que la poesía es violentar la gramática.

Por último, fueron presentados los tres libros que obtuvieron los premios especiales que desde el año 2000 se otorgan dentro del programa del Premio Literario Casa de las Américas.

A propósito, Jorge Fornet, director del Centro de Investigaciones Literarias de la institución, recordó que son reconocidos títulos y autores ya publicados, y que esos premios son el de narrativa José María Arguedas, el de poesía José Lezama Lima y el de ensayo Ezequiel Martínez Estrada, nombres que, según enfatizó, no son casuales, pues los tres estuvieron muy vinculados con la Casa de las Américas y el Premio, además de que representan tres culturas dominantes de nuestra América: la caribeña, la andina y la rioplatense.

Luego se refirió brevemente a En un abrir y cerrar de ojos, del chileno Óscar Hahn, merecedor del premio de poesía José Lezama Lima. A propósito del cuaderno, de 30 poemas cortos, dijo que “toca temas extremadamente profundos como la desolación, el abandono por el ser amado, la guerra, el terrorismo, y los toca con una ironía, una gracia, un humor, diría que hasta con un cinismo un poco perturbador”.

Entretanto, El ejército iluminado, del mexicano David Toscana, fue el ganador del premio de narrativa José María Arguedas. Al respecto, Fornet apuntó que se trata de una historia un tanto delirante acerca de un hombre que en el año 1928, ante la imposibilidad de participar en la Olimpiada de París, corre su propia maratón con un tiempo mejor que el correspondiente al tercer lugar, que resulta ser un norteamericano al que después pasa toda la vida reclamándole la que considera su medalla.

Ello se imbrica con el sentimiento de despojo que, al ser un habitante de la zona norte mexicana, siente el protagonista, a propósito de la invasión y ocupación de una parte importante del
territorio de su país por los Estados Unidos.

Por último, el dominicano Héctor Díaz Polanco, ganador del premio de ensayo Ezequiel Martínez Estrada con el volumen Elogio de la diversidad. Globalización, multiculturalismo y etnofagia, explicó algunas claves de su libro.

“Haber recibido este premio fue un doble honor, dijo, por tratarse de un premio de Casa de las Américas. Siempre he creído que estos premios están revestidos de un aura especial. Y, además, por tratarse de un premio que lleva el nombre de Ezequiel Martínez Estrada, una leyenda del ensayo latinoamericano”, dijo.

Acerca del texto, apuntó que “es en parte un libro de antropología y en parte de filosofía política, porque lo que trato de buscar es vincular los fenómenos socio-antropológicos con los procesos políticos”. Afirmó también que “es un combate contra ciertas tendencias que trae consigo la globalización. El capitalismo es cada vez más cultural —señaló— en el sentido del uso político de la cultura, y la expresión concreta de esta forma nueva de intento de apropiarse de la cultura con fines políticos es lo que se llama multiculturalismo, que no es solo el nombre para designar la pluralidad cultural, sino que es un enfoque político sobre los fenómenos culturales”.

“Lo que sostiene el libro como tesis central y se trata de explicar en cierto detalle es que esto se desarrolla mediante un proceso relativamente nuevo en el continente y a escala mundial, que es lo que denomino el proceso etnofágico, mediante el cual un sistema sociocultural engulle y digiere otros sistemas y lo disuelve en la medida de lo posible mediante la exclusión del uso de la fuerza”, acotó.

“Algo que me parece importante para los debates que tenemos en América Latina en torno a los problemas socioculturales, es el problema del poder, la política y el Estado”, subrayó, y se refirió a una posición actual de los movimientos sociales que aspiran a cambiar el mundo sin tomar el poder, como es el caso del zapatismo en México.

“Quiero señalar un punto que me parece crucial: si la tendencia del neoliberalismo, del capital globalizado, es a desarrollar al máximo la individualización de la sociedad, nuestra única respuesta posible, viable y esperemos que exitosa, consiste en enfatizar en la necesidad de construir al máximo comunidad. Si no logramos revertir el proceso a partir de construcción de comunidad tendremos grandes dificultades en los próximos tiempos”, concluyó.

miércoles, 18 de febrero de 2009



Tres libros para pensar

18 de Febrero del 2009. Libros y RevistasEl Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, Ruth Casa Editorial y el Fondo Editorial Casa de las Américas, se unieron este martes 17 para proponer tres importantes títulos de las Ciencias Sociales

El camino a la utopía desde un mundo de incertidumbre, de François Houtart, Elogio de la diversidad, de Héctor Díaz-Polanco, y El ejercicio de pensar, de Fernando Martínez Heredia, fueron los títulos que centraron este martes 17, a la 1 de la tarde, la atención de los asistentes a la sala José Antonio Portuondo, de la Fortaleza de la Cabaña, en la continuación de las jornadas de la XVIII Feria Internacional del Libro Cuba 2009.

El texto de Houtart, presentado por una de sus editoras, Denise Ocampo Álvarez, está estructurado en tres partes que abordan la ética de la incertidumbre en las Ciencias Sociales, la búsqueda de nuevos espacios y el paso de la resistencia a la ofensiva en América Latina.

Según se expresa en el prólogo del volumen, editado por el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello con la colaboración de Ruth Casa Editorial, se trata de un “convite reflexivo para redefinir las metas, plantearnos la pregunta analítica acerca de la sociedad que queremos, como utopía necesaria, pregunta que va respondiendo Houtart cuando expone acerca del problema que el pensamiento social debe enfrentar en tanto el pensamiento único considera que las alternativas son meras utopías, proyectos descalificables”.

A continuación, correspondió a Julio César Guanche proponer las dos ediciones que coexisten en esta Feria del Libro del título Elogio de la diversidad, de Díaz-Polanco, ganador con este texto del Premio de Ensayo Ezequiel Martínez Estrada 2008, de la Casa de las Américas.

Guanche calificó como un lujo la oportunidad de contar con este libro entre nosotros, y llamó la atención sobre el hecho de que tres instituciones importantes para el panorama de las Ciencias Sociales en Cuba —el Instituto Juan Marinello, Ruth Casa Editorial y Casa de las Américas—, se involucrasen paralelamente en este empeño editorial, lo que habla, en su opinión, del valor del texto.

Apuntó que Díaz-Polanco consigue integrar en su Elogio de la diversidad perspectivas muy diferentes que no siempre aparecen unidas en un mismo volumen, y subrayó que se trata de un intento muy matizado, dialogador, de pensar; que el libro “construye sus consecuencias en el camino, a tono con el eje temático de la diversidad”.

Por su parte, Aurelio Alonso, quien habló a nombre de la Casa de las Américas, subrayó que el hecho de estar presentando dos ediciones hechas en Cuba de este título constituye en sí mismo un “elogio a la diversidad”, y calificó al texto como “una de las críticas más sólidas al constructo ideológico liberal de los últimos años”.

Advirtió que se trata de un libro difícil, “pues no elude la complejidad”, es una obra “de análisis conceptual, no de circunstancias”, enfatizó, y concluyó que Díaz-Polanco realiza aquí una “contribución a nuestro conocimiento de la realidad social actual y nos ofrece la posibilidad de contar con instrumentos que nos permitan ir más lejos en el deber crítico que los tiempos actuales nos imponen”.

Por último, Diosnara Ortega González, científica social cubana, presentó el volumen El ejercicio de pensar, de Fernando Martínez Heredia, quien tomó como punto de partida el debate suscitado en el año 2007 a propósito del llamado “quinquenio gris” para recopilar una serie de artículos suyos, en su mayoría recientes, a propósito de la relación entre pensamiento social y políticas de la Revolución desde la década del sesenta.

Martínez Heredia señaló que se trata de una obra intencionalmente breve, de combate, de pensamiento, que espera motivar la lectura crítica y el debate. “La liberación humana necesita de una militancia de la cultura”, subrayó, y explicó además que “el conocimiento social es la materia misma de este libro”.

Por último, a propósito de la presencia en la cubierta del volumen de las figuras del Che y José Martí declaró: “Han sido mis influencias, así que termino agradeciéndoles”.

jueves, 23 de octubre de 2008

Elogio de la diversidad. Globalización, multiculturalismo y etnofagia



Tema central de esta obra —que mereció el Premio Internacional de Ensayo 2005, convocado por Siglo XXI Editores, Universidad Autónoma de Sinaloa y El Colegio de Sinaloa— son las relaciones entre pluralidad y sociedad globalizada. El autor debate el tópico de la uniformidad cultural, concluyendo que la globalización implica mutaciones en los fundamentos teórico-políticos del liberalismo y en el comportamiento del capital frente a la diversidad. Emergen una perspectiva y prácticas (sintetizadas en el multiculturalismo) orientadas a dar un nuevo tratamiento a la esfera cultural. Así, en esta fase globalizadora se procura aprovechar la diversidad en favor de la consolidación del sistema y, específicamente, de los grandes negocios corporativos. No se abandona el propósito primigenio de uniformar el dominio del capital; pero sus capitanes han descubierto que la dominación no pasa necesariamente por la uniformidad a la vieja usanza y que cierta “valorización” de la diversidad favorece sus metas.


Lo anterior presupone un ajuste de cuentas con las concepciones que han levantado barreras al punto de vista pluralista (desde el contractualismo kantiano hasta la reformulación como una teoría de la justicia por John Rawls), atendiendo también a las críticas realizadas por los “comunitaristas”. El libro se enmarca en la vuelta al “gran relato” y la reafirmación de su fuerza analítica y política. Implica un rechazo de las “pequeñas historias”, propugnadas por las llamadas perspectivas post. Se busca, en cambio, contribuir a la comprensión de la mecánica global del sistema capitalista frente a la diversidad. La crítica al universalismo recorre la obra. Esto no supone rechazo de la tarea dialogante que allane el espacio de un “terreno común” de los pueblos, sino subrayar la importancia que reviste la construcción de un nuevo horizonte que entrañe la denuncia de la falsa totalidad de la universalidad liberal. Se trata de evidenciar “la obscena ausencia del Otro en las formulaciones universalistas”.

Del autor, Siglo XXI Editores (www.sigloxxieditores.com.mx) ha publicado Autonomía regional. La autodeterminación de los pueblos indios (1991), La rebelión zapatista y la autonomía (1997) y México diverso. El debate por la autonomía (2002), este último en coautoría con Consuelo Sánchez.

Sobre Elogio de la Diversidad: Gerardo de la Fuente

Alabanza de lo plural, malestar de la filosofía.

Gerardo de la Fuente

I
El Elogio de la Diversidad de Héctor Díaz-Polanco -Premio Internacional de Ensayo 2005 de la editorial siglo XXI- constituye un largo, profundo, prolijo y fundamental recorrido propedéutico, una verdadera profiláctica intelectual, hacia el pensamiento de aquello que desde ya se presenta para el autor como digno de encomio y alabanza: la diversidad del mundo, la multiplicación de los colores y las particularidades; la pluralidad de las costumbres y lenguas, en fin, las múltiples formas que, hubiese dicho Aristóteles, posee el Ser para decirse. Díaz-Polanco, en efecto, parece gozar con la diversidad y la presencia de ese disfrute llega a constituirse en un presupuesto trascendental, en una condición pura de posibilidad para comprender los momentos más complejos, profundos y arriesgados de sus argumentaciones. El elogio de lo diverso, mas allá de ser el título del texto, es su raigambre y entramado, la matriz misma de su concepto.

II
Porque ama lo diverso, porque a partir de su vivencia comprometida de la pluralidad de las culturas ha enhebrado, a lo largo de los años, una postura político intelectual -el autonomismo- que se muestra cada vez más explicativa y potente al interior del fárrago efectivo de la transformación del mundo, Díaz-Polanco parece sorprenderse de que ese afecto suyo por la multiplicidad no sea compartido por los pensadores de las causas primeras, al grado de que los filósofos, especialmente los filósofos modernos, podrían caracterizarse, en conjunto, por su denegación del pensamiento real de lo plural.
Elogio de la Diversidad es la expresión de un agudo malestar con la filosofía. A lo largo de sus páginas los interlocutores principales del autor son conspicuos miembros del gremio de los amantes de la sabiduría, comenzando por Immanuel Kant y John Rawls, pasando por Charles Taylor, Michael Walzer y otros multiculturalistas, para culminar en Toni Negri y Michael Hardt. ¿Qué es lo que tienen en común todos estos autores, por otra parte tan diferentes desde tantos puntos de vista? Su incapacidad, diría Díaz-Polanco, para aprehender la diversidad en cuanto tal, sin concebirla como un derivado o suplemento secundario en relación con lo único que, al parecer, son capaces de discernir los filósofos y que es el tema al que subordinan todo: el individuo y su supuesta prioridad incuestionable.
El autor examina cuidadosamente un dispositivo nodal en la erección del individualismo como fulcro del filosofar moderno, el contractualismo, en dos de sus grandes versiones, la clásica de Kant, y la contemporánea de John Rawls. En ambos casos Díaz-Polanco desvela con agudeza y pertinencia cómo la escenificación contractual despoja al supuesto sujeto contratante de toda raigambre social, de cualquier vinculo comunitario y ya desnudo lo erige como la representación universal de lo que el ser humano es. La particular forma de individuación de la sociedad burguesa se presenta, en las argumentaciones de molde kantiano, como si fuera la cristalización eterna y esencial del hombre. Pero tal resultado acontece porque el pretendido universalismo encuentra lo que él mismo pone; la estrategia filosófico-argumental primero construye al ser aislado como centro y luego se maravilla por su presencia.
La deducción de los principios de la justicia por parte de Rawls ocupa buena parte de las páginas del Elogio de la Diversidad. Dos elementos en particular merecen el desmenuzamiento crítico, a saber, el carácter de la “posición originaria” a partir de la cual los hombres acordarían los principios de la justicia, y el contenido de esos mismos preceptos. No puedo seguir aquí las sutilezas y meandros de la prolija deconstrucción que hace Díaz-Polanco del tejido rawlsiano de Teoría de la Justicia. Resumamos subrayando que nuestro autor enfatizará la forma en la que el “Velo de ignorancia” al que se someten los que pactan la justicia tiene como condición la eliminación de cualquier vestigio de diversidad, de cualquier huella de vínculo comunitario, como si la pluralidad cultural fuese un obstáculo, a priori, para el logro de la sociedad justa; y en segundo lugar, la justicia rawlsiana, como consecuencia de la prioridad absoluta que otorga al individuo desarraigado, acaba postulando una jerarquía incuestionable de los preceptos de la libertad sobre los de la igualdad.
Esta subordinación-postergación de lo igualitario acaba convirtiéndose en el emblema de una forma de razonamiento que, más allá de la filosofía académica, amenaza con convertirse, afirma Díaz-Polanco, en una ideología avasallante, un verdadero pensamiento único: el liberalismo.

III
Las rectificaciones teóricas que en la obra rawlsiana marcan el paso de Teoría de la Justicia (1971) a Liberalismo Político (1993), constituyen para Díaz-Polanco síntomas, en el terreno del pensamiento, de cambios acontecidos en la sociedad capitalista en relación con la valoración y funciones de la diversidad.
En efecto, a contrapelo de los augurios que en la globalización diagnosticaban una era de homogeneidad, los tiempos que corren han visto renacer las identidades, con frecuencia en la forma de reivindicaciones enfáticas y conflictivas, y sobre todo han visto aparecer una cierta forma de reaccionar, taimada, del capital frente a lo diverso, que consiste en el afán de refuncionalizarlo; promover lo múltiple para engrasar la maquinaria de la ganancia, la universalización de la mercancía a través de su adecuación geográfico cultural. La hamburguesa con chile jalapeño. Al parecer no hay nada más sensible a las diferencias que una empresa transnacional.
Héctor Díaz-Polanco se revuelve y rebela. Va a buscar, por ello, las raíces más abstractas y profundas que han fomentado la consolidación y difusión de este capitalismo etnofágico, digeridor de diversidades. Y encuentra la fuente, otra vez, en la filosofía, en el liberalismo.
A contramano de las etiquetas y modas de lo políticamente correcto, nuestro autor se arriesga a denunciar en la mayoría de los desplantes multiculturales contemporáneos, la presencia larvada, pero por ello extremadamente eficaz, del molde liberal. De hecho, si hubiese que resumir en una frase el contenido nodal del libro que nos ocupa, ella podría enunciarse así: el multiculturalismo es la fase superior del liberalismo.
Levantar la voz contra las buenas conciencias multiculturales de nuestro tiempo es un gesto intelectual y políticamente arriesgado. Probablemente en cualquier otro autor la sola insinuación de algo así provocaría estigmatizaciones inmediatas. La vida y la obra de Héctor Díaz-Polanco, sin embargo, comprometidas ambas con los pueblos indios y las luchas emancipatorias de los diversos, otorgan a sus palabras una autoridad especial y le brindan a la vez una plataforma crítica -un horizonte de interpretación, dirían los hermeneutas-, particularmente potente para descubrir, en los debates actuales sobre la cultura, aspectos que los intelectuales sólo de cubículo difícilmente captarían.
Lo que en primer lugar su práctica -ese gozo por lo diverso de que hablábamos al principio- y en segundo el examen crítico acucioso muestran al autor, es que la pluralidad a que se refiere el multiculturalismo constituye la puesta en escena de una noción del Otro, del diferente, domesticada, disminuida, recortada a la medida de las necesidades de reproducción del capitalismo global. Cualquier diversidad es permitida, e incluso fomentada, siempre y cuando no ponga en cuestión los fundamentos mismos de la explotación capitalista. En el mainstream de la propaganda sistémica, la cultura se separa radicalmente de la economía y comienza a funcionar como una denegación de las esferas de la producción y la distribución. Incluso lo cultural se politiza al extremo y se nos dice que el conflicto de hoy es de civilizaciones, de visiones del mundo –que, si acaso, la ganancia y el plusvalor fueron un ya perimido monstruo de la razón.
Héctor Díaz-Polanco demuestra contundentemente, a mi parecer, que una de las fuentes ideológicas de esta diversidad domesticada, de este capitalismo etnofágico que digiere culturas en el momento mismo en que las ensalza, es el multiculturalismo teórico filosófico elaborado en los centros académicos del norte en los últimos veinte años. Nuevamente no puedo detenerme aquí en el tejido fino de la argumentación diazpolanquiana; sólo diré que la misma se enhebra con un rigor digno del reto asumido de cuestionar algunos artículos de fe caros a las buenas conciencias. Destaquemos únicamente la conclusión según queda demostrada en el texto: el multiculturalismo es una forma del liberalismo en la misma medida en que, a pesar de todo, deja intocada la prioridad absoluta del individuo y continúa con la postergación de la igualdad en favor de la libertad. Las dos notas estas, decíamos arriba, que caracterizan al pensamiento liberal en su núcleo.

Para el multiculturalismo al uso, las diversidades son opciones simplemente individuales; vestidos a la mano con los que entidades aisladas y sustanciales pueden vestirse, o no, a la voz de su capricho o voluntad. Las pluralidades, las culturas, no existen por si mismas ni son constituyentes de los individuos. No son maneras de habitar la vida sino estilos; son variaciones de la "vida buena" por las que cada quien puede optar, pero en el fondo la única buena vida es la del individuo en su soberana autosuficiencia solitaria.
Por eso no es cierto que haya ruptura real entre el primer Rawls -el de la deducción cuasi trascendental de la justicia- y el segundo -el del cuasi historicista consenso traslapado de las culturas. En ambos casos el individuo-subjetividad del capitalismo está en la base de lo que se pretende sea eminentemente la justicia. Entre liberalismo y multiculturalismo hay, sobre todo, continuidad.

IV
Es comprensible la molestia de Díaz-Polanco con la filosofía moderna pues, en efecto, algunos aspectos de su discurrir histórico, particularmente la noción de Sujeto que por lo común la subtiende, han sido tomados, sin una deconstrucción mayor, del entramado jurídico y las prácticas generales de la sociedad burguesa (como mostraron convincentemente Friedrich Nietzsche y Louis Althusser entre muchos otros). También es notable y digno de resaltar el propósito del autor de sostener su debate precisamente al nivel más alto de abstracción y elaboración teóricas, pues considerar a la filosofía como lugar eminente e incluso decisivo del conflicto social, es un punto de vista que remonta a las tradiciones más importantes del pensar de izquierda, comenzando por Marx, desde luego, con su llamado a transformar el mundo, pasando por Lenin, Gramsci y el ya mencionado Althusser, quien en su momento definió, duramente, el ámbito filosófico como el espacio de la "lucha de clases en la teoría". Elogio de la Diversidad nos recuerda así, incluso a los filósofos profesionales, una manera de filosofar con el martillo que con frecuencia olvidamos en los pliegues del academicismo y la inercia escolar.
Me parece, sin embargo, que en su afán polémico, en la urgencia de su pensar, Díaz-Polanco es con frecuencia injusto con la filosofía en general y con algunos de los autores que enfoca, especialmente con John Rawls. Y es que el trabajo del filosofar es escurridizo para el examen crítico porque ninguno de sus protagonistas principales es, no puede serlo, un apologista sin más del mundo dado. En algún momento Lucien Fevbre observó que quienes en la historia se dedicaron a ensalzar a ultranza a la sociedad capitalista acabaron produciendo religiones, mientras que los pensadores que mantuvieron algún tipo de distanciamiento respecto a ella devinieron productores de filosofías.
El tema es complejo y delicado pero el liberalismo, por ejemplo, suele poseer un aspecto libertario no reductible sin más a la defensa del capitalismo y su cultura. El contractualismo clásico, el de Kant que estudia Díaz-Polanco, si bien puede ser tildado como lo hizo Marx de "robinsonada", o bien puede ser denunciado por nuestro autor (y antes que él por Hegel) como un particularismo disfrazado de universalidad; si bien, digo, se le pueden hacer esos y muchos otros cuestionamientos, también es necesario reconocer que la argumentación contractual clásica posee una potencia crítica extraordinaria en la medida en que establece que el único criterio de legitimidad de una sociedad es el consentimiento racional y lúcido de sus miembros. Y este rasero crítico es tan fuerte que hasta el día de hoy ninguna formación social ha podido superar su desafío: ¿si nos hubieran preguntado qué país construir, habríamos aceptado este México?; ¿si el criterio fuese nuestra voluntad, habríamos producido este Partido, o esta familia, o esta escuela? Cuando Marx decía que la historia todavía no comenzaba porque hasta ahora las sociedades les habían caído a los hombres como fatalidad, y que el devenir histórico empezaría cuando con la Revolución decidiéramos por fin concientemente el mundo en que querríamos vivir, el autor de El Capital no hacía sino recuperar el grano emancipador contenido en el contractualismo clásico.
Comentarios parecidos podrían hacerse en relación, por ejemplo, a la noción rawlsiana de "Velo de ignorancia". Quizá uno de sus aspectos sea el subrayado por Díaz-Polanco, esto es, que elimina toda referencia cultural de los sujetos que acuerdan la justicia, pero también es cierto que el Velo constituye un poderoso dispositivo argumental que permite pensar, e incluso volver operacional, un problema que subyace a toda reflexión relativa al cambio social, a saber, ¿cómo podría ser posible que los dominadores, en cualquier sentido o dimensión del término, accedieran alguna vez a la construcción de un orden justo, si ello supusiera el riesgo de que fuesen desbancados de su posición de dominio? El Velo, el olvido, es una condición del cambio social (e incluso personal); y el precepto rawlsiano, conocido en la literatura como maximin –la regla de dar más a los que en el nuevo orden resulten peor colocados- parece ser un requisito para cualquier acuerdo de transformación social viable mientras no vivamos en un mundo perfecto, sin desigualdad. ¿La filosofía rawlsiana hace apología de la disparidad social? Tal vez, pero no sólo. La lectura que de ella se haga forma parte de la lucha de clases en la teoría.

V
La filosofía moderna llega a ser tan crítica que desemboca con frecuencia en el nihilismo. Todo ha de ser sometido al examen de la razón, incluida, desde luego la propia raigambre cultural, las tradiciones, la identidad. Nada que no apruebe el test racional podrá ser aceptado. Incluso la razón misma habrá de cribarse en el marco de su autosospecha. Todo este juego se vierte, sin residuo, como mostró Nietzsche, en la negación, en el no a la vida.
Cuando Héctor Díaz-Polanco sugiere agregar al montaje de la "posición original" rawlsiana el metaprincipio del respeto a la diversidad, más que un precepto de teoría de la justicia, en sentido estricto, está enarbolando una afirmación vital, de salud mental, contra el nihilismo. Está diciendo que no hay que renegar de entrada de toda la vida tal como nos ha sido dada; que el hecho de haber nacido en una determinada ubicación geoantropológica no tiene porque ser una condena, una vergüenza, ni experimentarse como destino trágico. Hay, puede haber, al contrario, un elogio de la particularidad, un gozo de la diversidad.
Porque a pesar de todo el autor nos ofrece esa mirada afirmativa, ese sí a la vida con sus identidades incluidas, sorprende que otorgue tan poco crédito al potencial emancipador de las identificaciones “blandas” que en efecto produce el imperio en su funcionamiento actual. Ciertamente los apegos contingentes, provisionales; las redes de afinidades electivas ligadas al consumo, a las tecnologías y a las modas, no parecen ofrecer la resistencia al capitalismo que protagonizan las identidades duras o tradicionales, territoriales, arraigadas. Pero ¿cómo podemos saber si las agrupaciones cambiantes de estilos no acabarán, en su proliferación, provocando rupturas sistémicas insospechadas? La alegría por la pluralidad debería, tal vez, examinar la posibilidad de extender su alabanza a las nuevas diversidades.

VI
Después de desmontar concienzudamente las sutiles trampas del liberalismo -el ortodoxo y el multicultural- con su unidad básica del individuo incuestionable; después de realizar esa tarea propedéutica, crítica, negativa, el Elogio de la Diversidad nos lleva hasta el umbral de comenzar a pensar la pluralidad real del mundo como tal, en sí misma y en positivo. Aprehender las esferas de lo común en los propios términos de su lógica, ontología y ética, sin reducirlas a epifenómenos del individuo primero aislado y luego combinado. Héctor Díaz-Polanco resume en los siguientes términos el programa teórico filosófico para la izquierda de hoy:

La "adjetividad" de lo colectivo depende de la sustantividad de lo individual. Desde el punto de vista pluralista, pues, estamos faltos de una argumentación detallada e integral que permita fundar los derechos colectivos por si mismos, sin dependencia terminante del sostén individualista.

Un programa del pensar preciso y complejo que hasta en su forma de enunciación se hermana con la propuesta hecha por Alan Badiou, en El Ser y el Acontecimiento, en el sentido de concebir lo Múltiple puro, lo Múltiple sin lo Uno.
Después de haber irrumpido polémicamente en la filosofía, parece que Héctor Díaz-Polanco habrá de vivir mucho tiempo en ella. Se agradece.
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Gerardo de la Fuente es profesor-investigador en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, y profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, México.

sábado, 21 de junio de 2008

Un libro contra el (fácil) entusiasmo: Julio César Guache

Pensamiento liberal
y diversidad


Julio César Guanche
Prólogo a la edición del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello .

No hay nada más práctico que una buena teoría. El lector cubano tiene ante sí, con la segunda edición de esta obra una compleja edificación de un discurso teórico para una práctica de izquierda. Ciertamente, la aparición en Cuba de Elogio de la diversidad, de Héctor Díaz-Polanco, es ganancia en términos netos. Estamos ante una actualización crítica del discurso sobre la diversidad, así como ante una puesta al día —muy completa— sobre la filosofía política de nuestro tiempo. De hecho, se cuentan con los dedos de una mano los libros que, recorriendo la bibliografía de éste, pueden encontrarse en el país de autores como: John Rawls, Charles Taylor, Benedict Anderson, Isaiah Berlin, Alex Callinicos, Ronald Dworkin, Terry Eagleton, Jürgen Habermas, Toni Negri, entre muchos otros, inéditos en la Isla. Sin embargo, el mérito de Díaz-Polanco no es resumir un arsenal de ideas en un español conciso, sino encarar una estrategia de intervención cultural de índole revolucionaria. A lo largo de poco más de doscientas páginas, se discuten, limpios de polvo y paja, contenidos para una necesaria reconstrucción del discurso socialista sobre bases revolucionarias. No sin irresponsabilidad, intento el malabarismo de glosarlos aquí.

I

Una región del pensamiento de izquierda levantó por décadas su voz al cielo denunciando el demonio de la globalización como instrumento de la uniformidad cultural.

Un territorio del discurso del socialismo histórico arrastró juntas las ideas de desigualdad y de diversidad y, en su argumentación sobre la vida futura, las colocó en el museo de las antigüedades, al lado de la rueca y el hacha de bronce. El porvenir del socialismo sería el reino feliz de la igualdad y de la mismidad.

Un contingente de la izquierda pensó que bastaba con anunciar la justicia para que la libertad viniese tras ella, a remolque de la historia.

II

El claustro del pensamiento liberal hizo desaparecer el concepto de capitalismo y dejó, sobrevolando sobre las ideologías y las formaciones sociales específicas, el de globalización, venido al mundo, asegura, de la mano de “la ciencia” y “la técnica”.

Una legión del pensamiento liberal aseguró que el concepto de multiculturalismo era el cauce del hecho individual, social, cultural, de la diversidad.

Una zona del liberalismo aseguró haber conseguido, al fin, la construcción de un pensamiento que reconcilia en su seno la libertad con la justicia.

III

Para desprenderse del hedor de la izquierda “paleolítica”, un continente de la izquierda protagoniza una rendición con olor de santidad: explica la globalización como “hecho inevitable”, se aggiorna como multicultural y construye una teoría de la diferencia infinitesimal, indiferenciada —sobre todo— respecto al enfoque de clase.

Elogio de la diversidad es un antídoto para las intoxicaciones inveteradas de esta izquierda, que a la altura del siglo xxi conserva todavía muchas de las maneras de su antigua esterilidad, así como contra los espectros que recorren el mundo, siendo a la vez la diestra y la siniestra de sí mismos.

IV

El libro es una columna edificada a partir de una serie de advertencias. Si se ha de discutir con el pensamiento adverso, se ha de hacer con sus resultados de mayor elaboración. La profundidad de un análisis marxista hoy sigue estando en relación con el rigor con que se comprenda la formación específica del capitalismo presente. El marxismo ha de argumentar filosóficamente sobre la justicia y no darla como hecho supuesto en su programa político, como si se tratase de un significado unívoco, que sólo es necesario “llevar a la práctica”. A la “globalización” no le interesa tanto regimentar la uniformidad cultural —ni tampoco producir diferencias—, como instrumentar las existentes en función de la única uniformación que le es imprescindible: la del dominio del capital. El universalismo abstracto es un férreo valladar contra la diversidad. Los derechos humanos, o son totales, o no son: resultan apenas un arma política o un programa muy incompleto para dar cuenta de la necesidad humana de pan y de libertad.

V

El libro atraviesa un vasto campo minado de problemas. Constituye una crítica exhaustiva del pensamiento liberal, a partir del eje de la diversidad. Se integra a una corriente que, desde el marxismo, ha puesto en solfa ya no el contractualismo kantiano, sino también el último monumento teórico producido por el pensamiento liberal: el llamado “liberalismo igualitario”, con su sede primigenia en el libro Teoría de la justicia, de John Rawls —aunque se remonte a Kant y a Stuart Mill.

Un libro sobre la diversidad no puede ser unidimensional. Díaz-Polanco no da la impresión de emprender una crítica conociendo de antemano los detalles minuciosos de la conclusión. La argumentación crece, se complejiza y en el camino construye sus consecuencias. Díaz-Polanco dialoga. En la obra de Hardt y Negri —específicamente en Imperio y Multitud. Guerra y democracia en la era del imperio—, encuentra zonas que son afines a su argumentación sobre la etnofagia del Imperio. Analiza con mesura la cuestión del “Estado nación” y sugiere no confundir procesos en curso con realidades ya verificadas, en lo que respecta, por ejemplo, a la “extinción” del Estado nación en el contexto de la globalización. La idea de “cambiar el mundo sin tomar el poder” encuentra aquí, con su inversión, un matiz iluminador: se ha de “tomar el mundo para cambiar el poder”, lo que retoma una tesis de raíz gramsciana: si la revolución es, ante todo, un proceso social, no hay posibilidad exitosa de construcciones socialistas a posteriori de “la toma del poder”: esa posibilidad radica en tomar el conjunto de la sociedad, edificar una alternativa material de sociabilidad que el poder político correspondiente contribuya a reproducir, pero que, en sí mismo, será incapaz de crear: la “invención” está constituida por una serie de conquistas relacionadas unas con otras que integran los contenidos —existentes al mismo tiempo como realidad y como prefiguraciones— de la sociedad que se pretende construir.

Por su mesura y dialogicidad, este libro es un elogio radical a la diversidad.

VI


John Rawls

Cuando Rawls publicó Teoría de la justicia en 1971, la democracia liberal sufría una enorme pérdida de popularidad, a manos del marxismo, el estructuralismo, la insurgencia del 68, las guerrillas latinoamericanas y la guerra de Vietnam. En ese vacío, Rawls hizo el papel del héroe trágico, reivindicando el valor de tal armazón ideológica. Con el tiempo, al profesor de Harvard le imputaron ser el arquitecto de la reconstrucción teórica del Estado de Bienestar. De hecho, una zona del propio liberalismo ha reputado el pensamiento de Rawls de socializante, de “traidor a la causa” —sobre todo el Rawls de Liberalismo político--, pues arguye que su doctrina termina atentando contra el “derecho de propiedad de uno sobre su persona y los resultados de su trabajo”, pilares de la racionalidad capitalista y de toda la modernidad liberal.

Respecto a las ideas del anticapitalismo, Díaz-Polanco escribe en una situación acaso similar. Elogio de la diversidad es como la clásica mosca en la sopa. El relato del ingenuo que advierte sobre la desnudez del rey. La deriva socialdemócrata del ideal socialista ha hecho creer a millones que, con un esfuerzo de justicia, el capitalismo no es intrínsecamente “salvaje”. Por ello, desde el punto de vista ideológico, las búsquedas socialistas actuales escasamente se construyen como proyectos anticapitalistas.

Cansado de gritar en el desierto, Díaz-Polanco habría buscado refugio en la defensa de la diversidad, al calor de los millones de seres que entonan loas a la diversidad, ese himno a la alegría de nuestro tiempo. Pero tampoco. Díaz-Polanco defiende la diversidad criticando la que “todo el mundo” defiende: la encauzada por el universalismo liberal: “El capitalismo proyecta que el juego de la pluralidad humana devenga en una colosal maquinaria de la ‘diversidad’ alienada”, argumenta.

VII

Este libro contribuye a entender(nos): es un mapa de distinciones. Ante el “particularismo [del capitalismo occidental] que se disfraza de universalidad”, Díaz-Polanco defiende otra calidad: el único principio universal es aquel que procure justicia para todos. Piensa, con Žižek, que la “única universalidad [a] la que tenemos acceso es [a] la universalidad política, que no equivale a cierto sentido idealista abstracto, sino a una solidaridad en la lucha”. El libro distingue: la globalización es una nueva fase del capital y no una fuerza de la naturaleza; la igualdad y la diferencia son programas biunívocos en un horizonte socialista; la ideología del multiculturalismo es el arma de combate de la globalización del capital; la propuesta del liberalismo igualitario —y con él la de una parte de los “progresismos” al uso— refuerza la concepción liberal consagrada a la prioridad absoluta de la libertad sobre la igualdad —y con ello sigue siendo el obstáculo para el despliegue de una sociedad democrática; la expansión de la libertad y la justicia depende de la irrenunciable integralidad de los derechos humanos: civiles y políticos-sociales; económicos y culturales; individuales y colectivos.

Este es un libro contra el entusiasmo. «El entusiasmo —escribía Gramsci— no es más que una externa adoración de fetiches. Reacción necesaria, que debe partir de la inteligencia. El único entusiasmo justificable es el acompañado por una voluntad inteligente, una laboriosidad inteligente, una riqueza inventiva de iniciativas concretas que modifiquen la realidad existente”. Es, sobre todo, un libro contra el entusiasmo que aplaude sin saber la reproducción del status quo capitalista, que piensa con sus categorías, y que usa sus conceptos como si éstos fuesen producidos en una atmósfera al vacío, y, a favor, en cambio, del entusiasmo de los que pretenden, en la lucidez de la conciencia, “tomar el mundo”.

La Habana, 28 de agosto de 2007.